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Descubrimos la cerámica de Puente del Arzobispo con el excelente artesano Jorge de la Cal

Con la mirada puesta en mantener el máximo contacto con nuestro entorno y con el objetivo de contribuir a la promoción y desarrollo local, hoy me gustaría hablaros de la fantástica Cerámica Artesanal de Puente del Arzobispo (Toledo). Y os anticipo que, como en Dehesa El Milagro nos interesa mucho la tradición y la historia de aquello que tenemos más cerca, hemos pensado en introducir una de estas piezas como regalo en nuestro Club de Granjeros: Una preciosa Bandeja pintada a mano por el excelente artesano Jorge G. de la Cal.

Precisamente, para conocer a fondo la artesanía de Puente del Arzobispo, hace unos días me fui a visitar a Jorge G. de la Cal, artesano de cuna, sexta generación continuada de una familia que se dedica a la fabricación de cerámica desde hace más de 200 años (1.817) y, por tanto, gran conocedor de su historia, sus inicios, sus peculiaridades y los altibajos que a lo largo de los años ha experimentado su comercialización.

jorge de la cal, artesano ceramica Puente del Arzobispo

Los primeros artesanos

Las primeras referencias sobre la loza de Puente son del siglo XIV, cuando el Arzobispo Don Pedro Tenorio propició la fundación de la villa, al construir un puente para cruzar el principal río de la zona, lo que cambio la vida de todos los que vivían por allí. Según me contó Jorge, “por aquel entonces, había una barca para que los peregrinos cruzarán el río, pero había muchas crecidas y moría mucha gente. Al construirse el puente, se solucionó este problema y, además, se convirtió en lugar de paso habitual, garantizando el desarrollo económico, social y cultural de la localidad”.

Y ese fue el principio… aún no se hacía menaje de metal, se hacía todo con barro y, durante los ocho años que duró la construcción del puente y ante la afluencia de viajeros, se trasladaron a la villa muchos artesanos, para aprovechar la gran cantidad de trabajo que se había generado. Finalmente, numerosos alfareros se instalaron en la localidad y ellos fueron el germen de la famosa Cerámica de Puente del Arzobispo, que evolucionó de forma paralela a la de Talavera de la Reina.

Jorge de la Cal, especializado en la delicada ornamentación de esta cerámica, recuerda que cuando él era pequeño, había unas 100 empresas dedicadas a la cerámica en la localidad, “antes los clientes venían a buscar las piezas, casi no daba tiempo a sacarlas del horno y te las quitaban de las manos, pero hoy en día hay que salir a venderla y aun así cuesta mucho esfuerzo dar salida a todas las piezas que se fabrican”, así que ya quedan pocos que, como él, mantengan a tradición. El proceso artesanal es costoso y laborioso.

Proceso de cocción

Sobre la cocción de las piezas, Jorge nos explica que “antiguamente se hacía a ojo en los hornos de leña, observando el humo calculaban la temperatura que había dentro. Había varios orificios de prueba en diferentes partes del horno, en los que el artesano metía un fragmento de cerámica pintada con varios colores y veía cómo quedaban según el lugar del horno en el que estuviera, y así se decidía el momento y posición idónea para colocar la pieza definitiva”. Claro está, eso ha cambiado con los hornos actuales, más modernos, que permiten un mayor control de la temperatura y el trabajo se ha ido perfeccionando.

El colorido y dibujos, seña de identidad

El color es una característica muy representativa de esta loza, cuyo esmaltado de base es de una tonalidad blanco-crudo, algo más amarillenta que la talaverana, ya que en su composición hay más estaño. Y en cuanto al colorido de la decoración, Jorge asegura que el color original era el azul, “el que más se usaba antiguamente”. No obstante, en la actualidad y desde hace ya muchas décadas, lo que predomina es el verde esmeralda que habitualmente se combina con amarillo, naranja y marrón, aunque también se utilizan el rojo y el azul.

ceramica Puente del Arzobispo

Las manos de Jorge obtienen el esmalte de forma manual, “con arena natural, que se lava y se limpia de impurezas para que quede blanca y después se mezcla con minerales naturales, cuarzo y cristal, que es lo que le dan el tono crudo y el brillito característico”. Antiguamente se usaba estaño o plomo, pero hoy ya no.

Esta mezcla, en las proporciones adecuadas, se mete en el horno en unos vasos refractarios, que se llaman cobijas, y se funde; después hay que machacarla y desgranarla en el molino, tras varios días moliendo se pasa por un tamiz. Cuando el esmalte está listo Jorge lo echa en un recipiente grande “donde se sumergen las piezas de barro -de las orillas del Tajo- y como son muy porosas cogen muy bien el esmalte”. Este método artesanal de elaboración del esmalte, muy trabajoso, es una de las cosas que distingue a la cerámica tradicional de Puente de otras en las que se utilizan los esmaltes industriales, que se aplican directamente. No cabe duda de que este método encarece las piezas, pero también se consigue un acabado de mucha mayor calidad, a la altura de las piezas antiguas. Por otro lado, desde mi punto de vista, es realmente importante contribuir a la pervivencia de la cultura popular de nuestro país.

Los motivos con los que después se decora esta cerámica han perdurado desde su nacimiento, fueron creaciones de los primeros artesanos. Fijaos, las piezas de Puente mantienen series genuinas desde 1.800, “como la Serie de los Pinoso la “Serie de la Pájara”, o también la que dice “Viva mi dueño”

Por otro lado, existen otros dibujos con influencia de Talavera de la Reina, pero siempre con un toque diferenciador. “Mi abuelo Gabriel decía que eran cinco hermanos, nacieron de la misma madre, mamaron de la misma madre, comieron del mismo plato y aprendieron del mismo padre, pero cuando se independizaron cada uno hacía una cerámica distinta, cada uno creó su propio estilo”, comenta Jorge de la Cal. En el pasado siglo, cuando aún la demanda de artesanía popular estaba en auge, hablar de cerámica de Pedro de la Cal era hablar de la mejor cerámica de Puente del Arzobispo, y ahí está Jorge como único y fiel depositario de esta valiosa tradición artesana familiar, de personalidad muy distintiva y reconocible.

Mi conversación con Jorge transcurrió en plena jornada de trabajo y puedo aseguraros que la sencillez y la humildad de este artesano ceramista son francamente evocadoras y, por supuesto, la belleza y la originalidad de las piezas que pintó en mi presencia son indiscutibles. Como dato relevante, en octubre de 2015 la cerámica de Puente del Arzobispo fue declarada Bien de Interés Cultural, con la categoría de «Bien Inmaterial»… por algo será, ¿no os parece?

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