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Me encanta el romanesco, primero porque entra por los ojos, con esa perfección geométrica que se da a veces en la naturaleza, pero sobre todo por la suavidad de su sabor. Esta crema, hecha solo con la verdura y un poco de cebolla tiene una suavidad y una textura dificil de conseguir con otras hortalizas, que muchas veces piden a gritos el socorrido chorreón de nata.

INGREDIENTES (4 personas)

  • Un romanesco de tamaño mediano
  • Una cebolla mediana cortada en juliana
  • Caldo de verduras
  • Aceite de oliva VE
  • Sal, pimienta
  • 50 gr de parmesano recién rallado

PREPARACIÓN

  1. Cortar el romanesco en trozos, quitándole su tronco mas duro
  2. Rehogar la cebolla en aceite de oliva, y cuando empiece a perder su firmeza  añadir el romancesco y dar unas vueltas a todo junto.
  3. Añadir suficiente caldo para cubrir la vedara y dejar cocer el conjunto a fuego suave tapado, aunque dejando una rendija para que se evapore.
  4. Cuando veamos que el romancesco está muy tierno, cosa que ocurrirá como a los 10 minutos, apartar el fuego, y triturala on la minipimer, Añadir mas caldo de verduras hasta conseguir el espesor deseado.
  5. Al final, los amantes del aceite de oliva, combo es mi caso, le pueden agregar otro chorrón de aceite y seguir triturando para emulsiones bien.
  6. Justo antes de servir, calentar la crema, añadir el queso rallado y sazonar con sal y pimienta al gusto.
  7. También se puede añadir un toque de picante, con pimentón, merkén, cayena, pero sin pasarse, para que se note un recuerdo lejano evitando que se haga presente, ya que mataría el sutil sabor de esta deliciosa crema.
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